Estupidez y Arrogancia

Hoy quiero hacer reflexionar a la persona que lea esto sobre algo muy curioso, e interesante: El estrecho vinculo que existe entre la estupidez y la arrogancia en el ser humano.

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Pondré en situación al lector; existe una serie, del canal de pago Netflix, llamada Por Trece Razones (OJO que haré algún spoiler, si no has visto la serie y quieres verla, puede interesarte saltarte el articulo). Esta serie trata sobre problemas de adolescentes y como la presión social, y diferentes tipos de agresiones, así como la percepción personal, pueden llevar a una persona a cometer actos que en un entorno estable serían impensables.

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Photo by Hannah Nelson on Pexels.com

El caso es que hace poco ha aparecido la noticia que Netflix, bajo la recomendación de los especialistas ha decidido eliminar la escena en la que muere la joven, en la que se suicida. Intrigado, me acerqué a ver las reacciones y reflexiones, así como los motivos de cada uno. Bueno, en primer lugar, decir que esta escena se ha eliminado DOS AÑOS después de que la serie viera la luz, puede que el “daño” que pudiese hacer, ya lo haya hecho.

Algunos, como yo, piensan que escuchar a los especialistas ANTES de emitirlo hubiera sido lo más coherente

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¿Y porque han actuado así en Netflix? ¿Honestamente? Permíteme ser desconfiado, malpensado… Creo que es una escena con un gran impacto, creo que es algo que “mueve” al espectador y que eso, quieras que no, es lo que buscamos cuando nos sentamos frente a un espectáculo de este tipo, que en un sentido, u otro, nos conmueva. Creo que los señores de Netflix conocían de las posibles “repercusiones” (el daño del que antes hablaba) de la emisión de esta escena, pero también conocían lo mucho que impactaría y como genera “revuelo en la cafetería del trabajo”, donde entre compañeros y/o amigos se comentará la serie y, de forma indirecta, se conseguirán mas subscriptores.

En este alarde repleto de desconfianza y sacando mi lado más conspiranoico me pregunto. ¿Porqué ahora, dos años después, eliminas esta escena? Bueno… Antes se hablaba mucho de esta serie, ahora… Cada uno que piense lo que quiera.

 

Pero lejos de estas “conjeturas” que deben entenderse como lo que son, posibilidades y opiniones, vamos por la segunda parte, más basada en hechos y datos:

La estupidez, expuesta como arrogancia a través de las redes sociales.

No solo eres un ignorante, si no, que alardeas de ello.

 

Tocaré el tema del suicidio, como anuncio desde el principio, y en este parágrafo entenderemos “el daño” del que hablaba desde el inicio, el daño que puede hacer emitir este tipo de escenas. Un apunte: ligado al tema del suicidio está la depresión ya que la mayoría de los suicidas son depresivos, por lo que podemos encontrar en la depresión la principal causa del suicidio.

¿Eres consciente que AL DIA se suicidan una media de DIEZ personas?

Los datos aproximados es que unas 3600 personas se quitan la vida al año y más de 8000 lo intentan. Ruego te vuelvas a releer estos últimos datos para entender la magnitud de lo que aquí estamos hablando.

Ahora bien ¿Tenías la más mínima idea de estos números? ¿Te imaginabas, ni de forma cercana, que tantas personas se quitaban la vida y más aun lo intentaban sin éxito? Lo más probable es que no, y, posiblemente, pensabas que apenas había suicidios. El motivo es que las noticias sobre estas muertes no se hacen públicas y, como hemos hablado en otros artículos anteriores, el ser humano es tan necio que cree que aquello que no conoce, no existe, no pasa.

Visto esto llega el segundo punto y, para mi, el más importante:

¿Porqué?

Me alegraría si este articulo consigue agitar tu “curiosidad” lo suficiente como, para después de leerlo, quieras profundizar y realmente conocer las causas que impulsan este silencio en los medios de comunicación, yo intentaré no extenderme así que, sucintamente, entenderemos que la motivación subyacente a la omisión de este tipo de noticias por parte de la prensa no es otra que, de publicarlas, se produce un aumento drástico de “réplicas”. Es decir: Hablar de suicidios, provoca más suicidios, hablando de la forma más mundana posible:: El hablar de muertes por suicidio hace pensar a las personas que lo ven y que tienen ciertas ideas que, dichas ideas, “no son tan malas”, lo que acaba desencadenando en una oleada de suicidios.

 

Entendido esto, vamos al último punto:

Estupidez y arrogancia.

A raíz de la noticia de Netflix encontré algunos mensajes en las redes sociales que, por un lado, me indignaron y por otro me asustaron. Algún ejemplo:

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Como se puede ver aquí hay dos cosas muy curiosas: Las personas que realizan estas afirmaciones no tienen ni la más mínima idea de lo que hablan, ni de las repercusiones que pueden tener sus palabras. Tratan a los “especialistas” como contertulios del bar, que “opinan” sobre gustos y colores y menosprecian las asociaciones y los estudios que trabajan sobre la comprensión de la conducta y, más concretamente, la salud mental. ¿Acaso se atreven a discutir con un científico de la NASA de como estos diseñan y lanzan sus cohetes, califican dichos lanzamientos como actos frutos de opiniones subjetivas y un montón de azar al alcance de cualquier contertulio?

Lo más esperpéntico es que ni siquiera les importa o se han molestado en informarse de eso sobre lo que opinan: hablan sobre un titular, sin ni siquiera buscar información relacionada o que explique el porqué. De no ser así, de haberlo hecho, me parece una conducta más estúpida aun: ¿Quieren normalizar el suicidio entre los adolescentes?

Visto esto, ahora mira los “likes” que tiene cada uno de estos “twitteros”.

20.000 personas le han dado “me gusta” a semejante necedad.

¿No asusta? Aquí podemos ver como las opiniones personales, subjetivas, sin fundamento, las creencias que nacen sin base, fruto de una experiencia propia que ni siquiera se entiende con concreción, tienen un calado superior en la sociedad que las opiniones de los especialistas, de aquellos que estudian la conducta.

¿Como podíamos calificar la conducta de estas personas que no tienen la mas mínima idea sobre el que y el porqué de la conducta humana y se dedican a juzgar y sentenciar públicamente, con arrogancia actos de los que ni siquiera se han preocupado en comprender?

Peligroso…

Si, es peligroso porque solo en estos dos comentarios podemos ver 20000 me gusta, de gente que está deacuerdo con ello, personas que ni se han cuestionado lo que estos sujetos dicen, ni porque lo dicen y lo han aceptado porque confirma sus creencias, porque protege su yo, puede que porque son ignorantes y se creen lo primero que cualquiera diga en la red social y, evidentemente, porque no se han molestado en cuestionar si esas personas tienen más conocimiento que el de los especialistas a los que cuestionan en sus twitts.

La ignorancia de las ideas subjetivas se expande como un virus cuando las aceptamos como verdaderas, la creencia, como una semilla, se planta en nosotros, da igual si es pura superstición, religión o fantasía, si no la cuestionamos, esta idea acabará floreciendo en nuestra mente para dejar de ser una creencia pasando a convertirse en un hecho.

 

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Hoy en día utilizamos con ligereza el término “enfermedad mental”, o “enfermo mental”. Lo utilizamos como alguien afectado por algún tipo de embrujo o maldición que lo convierte en un desgraciado impredecible y, sobre todo, en alguien que se aleja de la norma, de la sociedad, del grupo, por lo que, es alguien difícil o a quien no vamos a poder “entender”.

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Photo by Nathan Cowley on Pexels.com

Y si nos planteamos… ¿Qué es una enfermedad mental?

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Me hago esta pregunta porque resulta curioso como es tratado este tema, no solo en lo que se refiere a la estigmatización general-social existente, la estigmatización explicita y, peor, la implícita (por la cual nos decimos a nosotros mismos que no estigmatizamos aunque, si lo hacemos), si no también al enfoque que le dan los mismos profesionales que deben tratarla… ¿Cómo va a cambiar la sociedad la forma de ver y entender las enfermedades mentales, si aquellos que las estudian y conocen le dan un trato que, de una forma u otra, ayuda a que los profanos las estigmaticen?

¿Es esto una forma de tirar piedras sobre mi propio tejado? ¿criticar las ciencias de la conducta? Si, puede ser, pero la ciencia no avanza desde el conformismo, si no, de cuestionarse sistemáticamente; Algo que, como comentaré a continuación, no se si seguimos haciendo.

Para finalizar la introducción a las posibles perspectivas de lo “qué es” una enfermedad mental, comentar que la dualidad mente/cuerpo no existe, pues el cerebro es un órgano y es de donde nace la conducta, las cogniciones y emociones. Así que cuando hablamos de una enfermedad mental no nos estamos acercando a un dilema metafísico, espiritual o filosófico, si no algo que tiene su raíz en el cuerpo humano, como cualquier otra enfermedad. Por lo que si queremos hablar de enfermedades “mentales”, tenemos que saber que es la mente… ¿Lo sabemos?

 

Sí y no.

 

Está claro que los avances en psicología y neurología son enormes; En los últimos tiempos la tecnología, especialmente las pruebas de imagen, nos llegan a permitir visualizar una imagen del cerebro con gran resolución espacial y temporal, lo que nos ayuda a encontrar correlaciones entre diferentes estados orgánicos y asociarlos a cogniciones, emociones o conductas.  Esta claro que no lo sabemos todo que aunque el conocimiento cientifico acumulado en neurociencias es enorme, parece que tan solo estamos empezando a rascar la superficie del vastísimo mundo que es la mente.

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Si nos paramos a pensar nos daremos cuenta que todo, absolutamente todo, lo que existe ha sido creado por nuestra mente, las explicaciones físicas o matemáticas, las normas sociales o culturales, el mundo en el que vivimos es una composición basada en la interpretación que da nuestro cerebro del entorno y en base a dicha interpretación, hemos creado un mundo que se adecué a nuestras necesidades primarias (y secundarias), hemos nombrado los objetos de nuestro entorno, le hemos dado un valor a los símbolos, a los signos, y vivimos en ese mundo “mental” compartido al que llamamos cultura el cual nos aporta un punto en común en el que desenvolvernos siguiendo unos valores y creencias. Como dije, toda la ciencia, arte o elemento vital, es una construcción de nuestra mente, es algo que obviamos, porque es sumamente cotidiano y se da por hecho, pero no por eso deja de ser complejo, sin ir más lejos ¿conocemos la complejidad que entraña que el lector este siguiendo estas líneas y convirtiendo estos símbolos, letras, en la pantalla en imágenes o frases en su cabeza? No solo la capacidad de hacerlo… si no, a la velocidad que lo hacemos.

 

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Hay que decir que, pese a ser el “elemento principal” de la existencia humana, el cerebro, la mente, ha sido relegada a un terreno más espiritual o religioso, tratado de forma paralela a la del resto del organismo, hay que pensar que hasta que Wundt fundó el primer laboratorio de psicología experimental (y no fue “temprano”: 1879 en Leipzig) nos encontrábamos totalmente dominados por la evaluación subjetiva de la filosofía, ideas basadas y obtenidas a raíz de experiencias personales, “contaminadas” por la cultura del filosofo en cuestión y alejado de lo que es la psicología hoy en día una ciencia de la salud, o una ciencia natural.

Ojo, no hay que tomarse esto como una crítica a la filosofía, pues la psicología ha bebido de ella en muchos aspectos y ha sido la raíz de infinidad de experimentos.

Así que nos encontramos con una disciplina realmente joven, en la que se han realizado una cantidad de avances impresionantes y que, a pesar de eso, todavía nos queda mucho por descubrir. No es de extrañar por tanto que, a pesar de que la literatura científica acumulada en más de 100 años sea notoria, la psicología, no haya tenido el “calado” que debería en la sociedad.

(Continua en la Parte 2)

El peso de los genes

Este es quizás uno de los temas más interesantes y discutidos que existen en las ciencias de la conducta. ¿Cuántas veces hemos oído eso de “el criminal nace o se hace”? ¿Cuántas veces hemos escuchado que alguna persona ha nacido con un talento natural? ¿Entonces estamos predestinados por nuestros genes, por nuestra composición biológica?

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¿Cómo nos afecta esto en nuestra vida diaria?

¿En la comprensión de los demás?

En nuestro paso por el mundo…

Nos interesa ver, analizar, como nos vemos afectados por nuestra herencia en nuestra vida diaria; qué somos y qué podemos cambiar. Para poder afrontar esto hay que tener en cuenta un par de aspectos primero.

 

Selección Natural

Nos remitimos a la selección natural, a la teoría de la evolución de Darwin. ¿Por qué? Porque entendemos la conducta como algo conformado de nuestro organismo, algo que forma parte de nosotros como puede ser la longitud de nuestros brazos o el color de nuestros ojos. Según la selección natural, en una especie se desarrolla la máxima variabilidad posible, luego los individuos que mejor se adaptan al entorno son aquellos que más tiempo sobreviven y/o más se reproducen: los que perpetúan sus genes.

¿Por qué apareció la jirafa?

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La jirafa es un excelente ejemplo del enfoque, comunmente erróneo, que se le da a la selección natural. Muchas personas creen que la jirafa empezó a extender el tamaño de su cuello para poder llegar al alimento que se encontraba en lo alto de los árboles. Esto es falso, es una visión lamarckista de la evolución, donde los organismos se desarrollan dependiendo del ambiente. En lugar de eso, los organismos nacen con una amplia variabilidad. En el caso de la jirafa lo que sucede es que algunos miembros de una especie nacieron con el rasgo característico: altura, cuello largo… y esto les permitió llegar a la comida de su hábitat con más facilidad, lo que hizo que corrieran menos riesgos para alimentarse (menos caza por parte de los depredadores) y debido a la extensión de su esperanza de vida, mayor reproducción.

Por lo tanto: primero es la mutación y después la adaptación, no viceversa.

 

Entonces…

¿Los genes definen nuestra conducta a lo largo de nuestra vida?

Es evidente que todos nacemos con ciertos rasgos de nuestros padres, abuelos, tíos… es lógico pensar que si tenemos aspectos físicos de ellos también poseemos aspectos conductuales. Esto nos llevaría a una posición innatista de la conducta, por lo que la educación y el ambiente desaparecerían de la ecuación. Y todos sabemos que no es así.

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Una curiosidad es que el ser humano, debido a su postura erguida, tiene en las hembras de la especie un condicionante para el parto: la limitada anchura de las caderas. Este es uno de los principales motivos por los que cuando nacemos no estamos formados del todo. Al parecer nos falta “un año de horno”. Esto provoca que, especialmente en el cerebro haya una gran plasticidad y adaptación al entorno, ya que al no estar formado se va “construyendo” dependiendo de los estímulos del ambiente (climatología, familia, relaciones sociales fuera del núcleo duro…). Evidentemente, la formación del cerebro no es un tema que finalice en el primer año de vida, sin embargo sí que se considera esta primera fase como un período sensible que, en menor medida, acaba extendiéndose hasta, aproximadamente, los 18 años.

Es por ello que somos enormemente maleables; incluso para el conductismo el ser humano era una tabla en blanco a la que, mediante condicionamiento, podían convertir en cualquier cosa que se quisiera. Este sería el otro extremo.

 

¿En qué punto nos encontramos?

Hay que tener en cuenta que nos encontramos en un punto intermedio entre la educación o la construcción de nuestra conducta a raíz del ambiente y la predisposición de nuestros genes. Y remarco esta palabra, predisposición, porque esto es lo que hacen nuestros genes: nos predisponen hacia un tipo u otro de conducta pero nunca definen qué vamos a ser. Solo facilitan que escojamos un camino u otro.

Es por tanto que aquellos portentos que podemos encontrar en diferentes áreas se componen de una predisposición biológica y de un ambiente que ha favorecido el crecimiento en dicha área.

 

Conclusión

Dicho esto deberíamos haber empezado a llegar a una conclusión sobre nosotros mismos, sobre lo “únicos” que somos, sobre las dotes que tenemos, sobre la “responsabilidad” de nuestros actos y cómo podemos cambiar o moldear nuestra conducta. La posición social de resignación al “soy así”, o dicha persona es “asá”, no hace más que menospreciar el punto que más peso parece tener en nuestra conducta, el ambiente, que es el que finalmente determina la persona en que nos convertimos. Hay que pensar que incluso en enfermedades tan influenciadas por la biología como la esquizofrenia, se considera que existe, aproximadamente, un 50% hereditario, y el resto lo componen los detonantes ambientales (estrés, depresores…).

¿Es el hijo de un maltratador un heredero de la conducta de su progenitor?

Este caso nos llama siempre la atención ¿Por qué una persona maltratada de niño tiene más probabilidades que otro (no maltratado) de convertirse en maltratador?

¿Son los genes? Los estudios y las teorías parecen decir que no es así, que no es un tema “principalmente” genético sino más bien educacional. Durante el período sensible, los primeros años de nuestra vida, aprendemos a gestionar esas emociones que surgen de nosotros a raíz de cómo lo hacen nuestros progenitores que, a fin de cuentas, son nuestro ejemplo a seguir: ellos han crecido y sobrevivido lo suficiente como para reproducirse, y esa es nuestra meta. Es por tanto que si a un niño cuando llora se le grita o le pega para que se calle, aprende que esas emociones, el llanto, la ira o la tristeza, deben gestionarse con una represión. En un principio aprenderá a reprimirse a sí mismo, pero posteriormente lo extrapolará a otros, reprimiendo las emociones en otros. Incluso la forma en la que una madre acude a atender a su neonato cuando este llora por la noche a las 4 a.m., a darle el pecho, a atender sus peticiones, condiciona como dicho infante gestionará esas emociones en el futuro. No es un aprendizaje que se haga con palabras, es un aprendizaje implícito, que es la única herramienta que tiene el infante en sus primeros compases en este mundo.

Deberíamos también considerar otra evidencia: ¿eso que creemos es realmente una idea propia? ¿Hemos hecho “nuestras” las ideas de otros sin planteárnoslas? Siguiendo la estela de otros artículos como el anterior sobre el egocentrismo y la empatía, parece que el paso para salir de nuestro cascaron es evitar esta defensa del ego y ser consciente de que muchas ideas han venido impuestas, o las hemos copiado sin habernos planteado realmente un trasfondo objetivo. Muchas ideas no son más que creencias que confundimos con hechos y sobre las que carecemos de evidencias, de las que no queremos liberarnos por miedo a perder nuestra seguridad personal o nuestra sensación de control sobre el mundo que nos rodea.

 

La Psicología: una ciencia con intrusismo normalizado.

España es el país con menor tasa de psicólogos por habitante de Europa, lo que da pie a la aparición de multitud de terapias alternativas que pretenden cubrir el vacío que deja la ciencia.

La labor del psicólogo es, probablemente, la más ninguneada e infravalorada dentro del campo de las ciencias de la salud, lo que da pie a que el intrusismo en este campo sea algo cotidiano y muy abundante, a la par que preocupante.

En España contamos con 4 veces menos psicólogos por cada 1.000 habitantes que en el resto de Europa: 4,3 psicólogos por cada 100.000 habitantes. El año 2016/ 2017 las plazas PIR (Psicólogo Interno Residente) que se ofertaron en la convocatoria fueron 128 a nivel nacional, una plaza menos que el año anterior. Estas ridículas cifras para cubrir una necesidad tan básica como es la garantía de la salud mental de la población, provocan que en la seguridad social los pacientes se encuentren con listas de espera de hasta más de 8 meses, y que el tiempo entre una consulta y la siguiente pueda ser de hasta 2 y 3 meses. Estas esperas tan prolongadas llevan a una cronificación de los trastornos en vez de a su curación, y a un abuso de la farmacología para paliar el malestar y los síńtomas de dichos trastornos. A esto hay que añadir el hecho de que la población española está cada vez más envejecida y el ritmo de vida actual hace que las personas mayores se encuentren cada vez más solas y desatendidas, y por ello se cuenta con más probabilidades de desarrollar trastornos mentales, lo que hace que cubrir las necesidades de salud mental se convierta en una tarea imprescindible y cada vez más necesaria.

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Ante esta perspectiva no es de extrañar que muchos pacientes, desesperados y cansados, se lancen a los brazos de terapias alternativas que prometen cumplir con creces las expectativas que desde la seguridad social les niegan.

El intrusismo en el campo de la Psicología ha crecido a niveles alarmantes en los últimos años. La oferta de terapias alternativas sin ninguna garantía disfrazadas de métodos científicos se ha multiplicado, con el peligro que ello conlleva. Este tipo de pseudociencias que, muchas, añaden el prefijo “psico” a sus denominaciones para aumentar su credibilidad, son arriesgadas y ofrecen milagros y certezas a los pacientes desinformados y con necesidad de creer, con total impunidad. Así nos encontramos con multitud de terapeutas ofertando psicoterapias transpersonales, terapias basadas en energías, coaching, terapias oníricas, psicoterapias corporales, medición bioenergética… sin ningún fundamento científico, impartidas por “profesionales” sin ninguna formación psicológica más allá de cursos no oficiales especializados en estas nuevas disciplinas. Es curioso el hecho de que cuanta menos base científica tienen este tipo de terapias más soluciones y remedios indefectibles prometen y garantizan.

El tema del intrusismo en la Psicología daría para una serie interesante de artículos, pero aquí no vamos a extendernos mucho más. Podríamos analizar el hecho de por qué la Psicología es la disciplina que, posiblemente, más padece el intrusismo. No podemos imaginarnos a nadie acudiendo a un “pseudoarquitecto” para que le diseñe su casa, o a un “pseudoingeniero”, un “pseudoabogado” o un “pseudogestor”… ¿y por qué sí a un “pseudopsicólogo”? La respuesta es sencilla y compleja a la vez. El hecho de las deficiencias en cuanto a salud mental en la sanidad pública es uno de los motivos que hace que las personas quieran buscar alternativas, pero no el único, ni quizá el principal. La Psicología es una ciencia todavía muy nueva y rodeada de muchos estigmas y prejuicios. Aún a día de hoy, en pleno siglo XXI, hay gente que siente vergüenza de confesar que acude a un psicólogo, e incluso todavía podemos escuchar frases como “yo es que no creo en la Psicología”. ¿Entonces no crees en la ciencia? ¿Qué diferencia la Psicología con la Medicina, la Biología, la Física…? El campo de estudio, nada más.

También tenemos que incluir en este pequeño análisis, el potencial mediático que están teniendo estas alternativas. Actualmente nos encontramos con “pseudopsicólogos” en muchos programas de máxima audiencia, que crean una imagen errónea en la mente de la población. Muchas personas pasan más del 25% de su tiempo cada día delante del televisor, y es con él dónde se forman su visión, sesgada, del mundo que les rodea. Esto lo extrapolaremos a internet y las redes sociales, dónde las promesas de soluciones milagrosas campan a sus anchas, sin ningún control y al alcance de todos, propiciando que los impostores se aprovechen de una necesidad real, y de una sociedad que cada vez arrastra más problemas y encuentra menos soluciones.

Monismo, dualismo y determinismo.

¿Qué somos?

Voy a empezar con una pregunta tan compleja y a la vez tan simple como la que encabeza este texto, a fin de cuentas ¿quién puede responderla con total seguridad?, pero a la vez ¿quién no cree conocerse a sí mismo?

Figura Anís del Mono en Badalona

Monismo,  dualismo… y  determinismo…

Hay muchas formas de enfocar y abordar el conocimiento. El ser humano se ha debatido entre dos posturas cuando ha tratado conceptos filosóficos, psicológicos o sociales de esta índole: el monismo y el dualismo. “El primero” no es más que considerar al hombre como un ente único formado de materia en todos los sentidos, y el segundo considera que tenemos una parte física, materia, y una parte espiritual o mental independiente. Durante mucho tiempo la clara vencedora entre estas dos posturas fue la dualista; gran mérito de esto lo tienen las doctrinas religiosas que, gracias a la fe, eran capaces de dar respuestas a esas preguntas o temores que se escapaban de la experiencia personal en la que se basaba la comprensión humana.

Este conflicto afecta especialmente cuando hablamos del ser humano (aunque no únicamente, que se lo digan a Copérnico…), Campos como la física o la automoción no se ven tan limitados por este tipo de conceptos al no poner claramente en entredicho al propio ser humano como ente, si nos movemos a las ciencias de la conducta la cosa cambia y se ven enormemente condicionadas por estos vestigios metafísicos.

En esta dualidad, quizás, el caso más “sonado” fue el de Charles Darwin que puso contra las cuerdas al feudo religioso con su teoría de la evolución. Sobre este caso solo hace falta ver cómo, actualmente, y a pesar de los siglos transcurridos, los creacionistas siguen revolviéndose en su contra con uñas y dientes, pero esto es demasiado extenso y merece la atención de un artículo completo.

Retomando al motivo principal del artículo, y en pro de finalizar con esta introducción, resumiremos cual es el panorama actual frente a la pregunta con la que abríamos el apartado: en el lado dualista, donde, principalmente, ubicaríamos tanto las religiones como las terapias alternativas, que consideran al ser humano como un ente orgánico que a su vez contiene, o posee, un aspecto energético o espiritual inmortal y/o independiente. En el lado monista podemos encontrar la medicina (mal llamada) convencional, y más específicamente sobre la conducta “situaríamos a” la psicología, la psiquiatría o la sociología.

¿Somos animales? ¿Energía? ¿Somos seres espirituales que se reencarnan? ¿Somos hijos de dios creados a su imagen y semejanza?

Como comentábamos antes, Darwin marcó un antes y un después. Hasta el momento las ideas Cartesianas eran las más acercadas a una similitud física entre “animales” y “humanos”, siempre estando condicionadas por la influencia religiosa de la época.

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En este punto Descartes (no olvidemos que era filósofo, no científico) expuso unas ideas mecanicistas (automáticas) para los seres inferiores (animales), de las cuales, algunas, se reproducían también en los humanos; pero estos, además, poseían otras características superiores y “voluntarias” provenientes de su alma inmortal.

Darwin, utilizando la ciencia, tiró (a pesar de muchos) estas ideas por tierra hablando del parentesco que el hombre tenía con el resto de seres vivos. arbol filogenetico

Llegados a este punto, y aceptando la teoría Darwiniana, la ciencia no dejó de encontrarse con escollos para responder a conceptos tradicionalmente metafísicos o espirituales, no tanto en su demostración empírica, como en la gran barrera social y cultural creadas gracias a los dogmas de las diferentes religiones.

Paradójicamente, hoy en día, nos encontramos en un punto similar.

No tenemos alma. El cerebro es todo lo que somos

Esta afirmación tan radical se sustenta por varios puntos y es la que tiene más fuerza entre la comunidad científica, especialmente, entre aquellos que estudian la conducta humana. ¿Podemos demostrar que el alma reside en el cerebro? Primero deberíamos definir qué es el alma para el hombre y a raíz de ahí buscar una relación objetiva con la conducta y la materia orgánica.

¿Qué propiedades asociamos al alma?

–          ¿La consciencia?

Para demostrar que nuestra consciencia puede ser condicionada por nuestra percepción y que no pertenece al alma ni es independiente, existen varios experimentos. Uno muy interesante, es el de la mano de goma: en este experimento se niega al sujeto la visión de uno de sus brazos y en su lugar se coloca una mano de goma. Evidentemente, el sujeto sabe que no es suya, y es sobre la que el experimentador actúa. El resultado es curioso: los sujetos apartan la mano oculta (la suya) cuando el experimentador se dispone a golpear la de goma (falsa) con un martillo. Incluso siendo consciente de que esa mano no es suya, ha reaccionado evitando el golpe.

La consciencia es, por tanto, algo dependiente del organismo y se demuestra, además, que existen sesgos mentales enfocados a la preservación del mismo por encima de la consciencia. Hay muchos más experimentos de este tipo sobre los que ya iremos hablando.

–          ¿Son las emociones una característica esencial del alma?

Esta es una pregunta, o planteamiento, bastante habitual. Algunas personas creen que tenemos una parte de la mente que nos pertenece mientras que hay otra que no (de la que suelen hablar en tercera persona). Por tanto hay un aspecto mental de nuestro cerebro y otro que nos define como personas: gustos, emociones… que serían los valores asociadas al alma, espíritu o  nuestra identidad como seres únicos. En pocas palabras, está la razón, mental, y la emoción que se supedita a “algo superior”, alejado de la materia de la mente/ razón/ cognición o el organismo en sí mismo. Por tanto, si el alma es la responsable de estos “procesos emocionales” que nacen, como se dice popularmente, del corazón, modificar la mente (sistema nervioso) no tendría que afectar a dichas emociones.

Para contestar esto nos remitiremos a uno de los casos más interesantes y estudiados que existen en la literatura, se trata de la lesión sufrida por Phineas Gage.

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Phineas era un operario que tuvo la mala suerte de que una barra de hierro atravesara su cerebro. Dicha barra entró por la mejilla y salió por la parte superior de su cráneo. “Milagrosamente” sobrevivió, sus capacidades cognitivas, o intelecto, parecían no haberse alterado, pero desde aquel momento su carácter cambió radicalmente: donde antes era afable y tranquilo ahora se había convertido en alguien caprichoso e irascible, se había vuelto impaciente y sufría cambios de humor bruscos. En palabras populares, intelectualmente parecía el mismo pero a la vez “era otra persona”. ¿Es entonces que esta persona perdió “su alma” cuando la barra se llevó con ella parte de la corteza prefrontal?

–          ¿Es el amor, el odio o el “instinto” parte de nuestra alma?

El Amor es una emoción pero ¿cómo elegimos a quién odiamos y a quién amamos? ¿Es algo espiritual y fuera del aspecto mental o de nuestras capacidades cognitivas? ¿Existe algún tipo de “destino” o almas gemelas? Hay que tener en cuenta algo muy curioso: el amor, a nivel químico, es lo más similar a una droga (nos extenderemos más en otro artículo), como particularidad, entre otras cosas, anula mediante neurotransmisores la zona del encéfalo encargada de emitir juicios cuando pensamos  (o actuamos) con nuestro amado/a.

cute-love-quotesEsta función parece absurda e incluso negativa; Muestra de ello es la cantidad de desengaños y separaciones que hay pasados los años, pero si seguimos las ideas Darwinianas debemos pensar que si está ahí, es porque otorga alguna ventaja frente a la selección natural. Y así es: la anulación de la capacidad de juicio permite que no veamos los defectos en la persona amada, lo cual favorece que nos emparejemos y reproduzcamos. Es un sistema diseñado para poder perpetuar nuestros genes de manera más eficiente, al ser menos críticos con el/la pretendiente, en su ausencia podríamos acabar sin pareja, ya fuese por uno u otro, y sin cumplir nuestra función principal en la vida como organismos vivos: reproducirnos. Un dato curioso es que el “enamoramiento” tiene una duración máxima de, aproximadamente, cuatro años, tras lo cual se debe de haber desarrollado otro tipo de relación o esos defectos que el enamoramiento ocultó emergen con tremenda fuerza y nos provoca un gran desencanto que puede llevar a la ruptura de la relación.

–          ¿Y qué hay de la intuición? ¿Cuándo sabemos algo pero no somos conscientes de cómo ni porqué lo sabemos?

El cerebro es un órgano increíblemente flexible, es quizás su principal característica. Una cosa curiosa es que es capaz de “aprender” y modificar a raíz de diferentes hechos nuestra conducta. Hay que saber por tanto que aprende de “diferentes formas” dependiendo de la información que se le facilita. Por simplificar: tendríamos dos “capas”, la “implícita” y la “explicita”. La implícita es aquello que sabemos, pero que no somos conscientes de que lo sabemos, o no podemos explicarlo, la explícita es aquello que podemos exteriorizar.

¿Cómo explica esto la “intuición”?

cartasSi en un experimento realizamos un juego de cartas con un gran número de repeticiones donde el sujeto debe acertar una de las cartas en concreto, tarde o temprano empezará a “sentir” donde se esconde la carta objetivo. Puede que lo “intuya”, que no sepa por qué, pero lo sabe. Si seguimos realizando el experimento se acabará dando cuenta de dónde viene ese conocimiento. Lo que antes era intuición, o conocimiento implícito, se ha convertido en explícito: puede que el experimentador siempre haga el mismo juego de manos, que la carta esté más desgastada, que tenga una sutil marca, etc… Por tanto dicha intuición no es un  “sexto sentido”, si no, que sería una forma de aprendizaje más de nuestro cerebro.

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Frente a estos y otros datos es bastante “fácil” afirmar que somos materia y que nuestra conducta formada por procesos cognitivos, emociones, respuestas al entorno etc… no viene dada por ningún tipo de energía ni espíritu alejado de los órganos que nos conforman; concretamente del encéfalo.

Entonces ¿Resulta que las terapias alternativas, incluido la acupuntura son una estafa? ¿No sirven para nada?

Esta pregunta es un arma de doble filo: ¿un mes de vacaciones en el Tíbet o en la playa es algo inocuo para nuestro organismo? ¿Es algo totalmente mental que no afecta a nuestra biología o resto del organismo?

Esto es claramente falso, pero hay que matizar. Como dijimos al inicio, bajo una concepción monista, nos encontramos que los cambios sobre el organismo afectan a la conducta y que la conducta afecta a dicho organismo, por tanto, ¿es inocuo un mes de vacaciones? Falso ¿Puede ser algo beneficioso para el organismo? Mucho. ¿Puede sanar enfermedades que no puede la medicina? No.

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Es importante tener en cuenta un dato importantísimo: hoy en día se considera que prácticamente todas las enfermedades tienen un componente orgánico y otro psicológico, el peso que cada componente tiene en las patologías varía de unas a otras (este tema es extenso y requiere de un artículo al completo) pero para que nos hagamos una idea pondremos el ejemplo del estrés. Actualmente todos sufrimos estrés, en más o menos medida. Hay dos tipos de estrés, el crónico y el agudo. Mientras que el agudo solo se dispara en ciertas ocasiones, el crónico persiste de manera constante en el organismo. Es este segundo tipo de estrés el que más hay que tener en cuenta en lo que a patologías se refiere. El estrés es una situación de alerta que dispara, entre otras sustancias, cortisol desde la glándula suprarrenal. Estos corticoides tienen varias propiedades, una muy curiosa es que su efecto continuado puede llegar a provocar una modificación del ADN contenido en las células, lo que viene siendo una mutación, un tumor, en pocas palabras. Si este tumor no es controlado por el sistema inmunológico puede acabar convirtiéndose en Cáncer; evidentemente, no todo el estrés lleva a este punto, pero el aumento de mutaciones en las células conlleva un aumento de probabilidades de la creación de un tumor no reconocido como hostil para las defensas del cuerpo con el problema que, lamentablemente, todos conocemos.

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Mi objetivo es acercar la psicología a sucesos mundanos a los que, por lo general, no encontramos respuesta o no nos hemos llegado a plantear. He creído necesario, o correcto, mostrar cuales son las bases de esta perspectiva, un punto de vista monista y determinista que pueda ser contrastado con hechos y no sujeto a una creencia puramente subjetiva.